Necesitamos digitalizar la agenda educativa

Hace ya algo más de tres décadas que la tecnología digital llegó a la vida cotidiana de la mayor parte de las personas. En todo este tiempo dicha tecnología ha traído consigo grandes cambios que afectan a muchos aspectos de la vida de las personas, tanto personales e íntimos, como públicos y sociales. La vivencia de muchos aspectos de la sexualidad se ha digitalizado, como podrían ser los procesos de seducción y cortejo, el acceso a las primeras relaciones eróticas compartidas, la construcción de la pareja e incluso la manera en la que las personas construyen su identidad. Tanto es así, que hoy en día no se puede hacer un abordaje integral de la sexualidad dejando de lado todas estas cuestiones digitales. Es un error de base considerar la educación digital como algo independiente de la educación sexual, por lo que todas aquellas personas dedicadas a la educación, han de tener la formación y los recursos necesarios para que puedan digitalizar su agenda educativa.

El desarrollo de la tecnología digital ha propiciado grandes cambios en muchos aspectos de la vida de las personas. La comunicación, el acceso a la información, el entretenimiento, las formas de relacionarnos e incluso el cómo construimos nuestra identidad, se han visto profundamente afectadas por este desarrollo tecnológico. En cuanto a la comunicación, la era digital ha pulverizado el tiempo y el espacio, y en lo que se refiere a las relaciones entre las personas, nos ha dado la posibilidad de comunicarnos de manera sincrónica con personas que pueden estar a cientos o miles de kilómetros.

Pero no solo ha posibilitado la comunicación inmediata con las personas, también ha hecho posible que podamos comunicarnos con varias personas al mismo tiempo sin demasiado esfuerzo y esto ha transformado profundamente la manera de ligar. Los procesos de seducción y cortejo en espacios analógicos han pasado a un segundo plano y los dispositivos electrónicos se han convertido en las herramientas fundamentales para ligar o establecer nuevas parejas. Los códigos han cambiado y todos los procesos de cortejo se han simplificado y sobre todo se han acelerado. La tecnología digital ha posibilitado lo inmediato y nos ha “contagiado” de inmediatez, sobre todo a las personas más jóvenes, que quieren acceder a todo de manera rápida y sin demasiado esfuerzo.

El marco de la pareja también se ha visto profundamente influido por la tecnología, propiciando la aparición de nuevos “malestares de pareja”, como podrían ser el control que se puede ejercer a través de herramientas digitales, la aparición de nuevas maneras de infidelidad o incluso nuevas formas de ejercer violencia. Respecto a este último punto, las nuevas formas de violencia digital no solo se circunscriben al marco de la pareja, pudiéndose ejercer en otro tipo de relaciones humanas.

Por otro lado, la aparición de las redes sociales online han supuesto el que se creen nuevos espacios de socialización, con nuevas reglas y con códigos distintos a los que se dan en los espacios analógicos. Pero sobre todo las redes se han convertido en un gran elemento de presión social, con una influencia mayor de la que puede tener incluso el grupo de iguales. Para muchas personas las rrss online son el espejo en que mirarse y sobre todo el espejo en el que compararse. Esta constante auto-observación y comparación ha influido en cómo construimos nuestra identidad. A los tradicionales factores identitarios, como pueden ser la forma de vestir, la pertenencia a distintas tribus urbanas o la música que escuchamos, se han unido nuevos factores de construcción de la identidad, dando lugar a una nueva dimensión identitaria que tiene un marcado carácter digital.

La observación del mundo a través de una pantalla nos ha acostumbrado a mirar hacia fuera para saber quiénes somos o qué queremos, perdiendo la costumbre de mirarnos hacia dentro. Las redes sociales nos exponen, nos abren y nos permiten entrar en las vidas de las demás personas, y hasta cierto punto nos hacen más vulnerables a tener crisis identitarias: en lugar de cuestionarnos: “¿quién soy?”, nos decimos “quiero ser como…”, perdiendo así la construcción de nuestra identidad propia.

A todo esto hay que unirle un profundo cambio en el paradigma de lo íntimo que se ha visto influido por un nuevo deseo, el de extimidad. No solo ha cambiado la consideración de lo que es íntimo y público, sobre todo ha cambiado el uso que se le da a lo íntimo. Si en el antiguo paradigma de lo íntimo lo privado se protegía por el valor que tiene para las personas, la extimidad ha hecho que lo privado tenga un valor añadido al hacerse público. Los deseos de extimidad de las personas van más allá de lo que podría parecer a simple vista un ejercicio de exhibicionismo. Los deseos de extimidad buscan reparar autoestimas dañadas. Las personas desvelan aspectos íntimos de su vida en un intento de buscar la aprobación o la empatía de las demás personas y sobre todo de establecer vínculos sociales. Este deseo de extimidad está detrás de muchos comportamientos de sobrexposición de la intimidad que tienen algunas personas en las redes.

Otra de las consecuencia que ha tenido el desarrollo de internet, es la masiva expansión de la pornografía, una expansión sin precedentes en la historia de la humanidad. Las personas nunca habían consumido tanto material pornográfico, y sobre todo desde tan jóvenes. La oferta es ilimitada, gratuita y disponible para todas las personas las 24 horas del día con una sola condición: tener acceso a internet. Todo ello ha hecho que el modelo porno-erótico se haya convertido en el libro de instrucciones con el que se forman todas aquellas personas, niñas, niños, adolescentes y jóvenes, que no reciben una educación sexual de calidad. La dimensión erótica que tenemos todas las personas y que nos permite desear y sentirnos objeto de deseo, se está desarrollando con la imitación de lo que nos enseña el porno. En vez de descubrir nuestros gustos y deseos mirándonos hacia dentro, de nuevo volvemos a mirar a la pantalla para que nos diga qué tenemos que desear o qué nos tiene que gustar.

Todas estas cuestiones han hecho que no se pueda hacer un abordaje integral de la sexualidad de las personas sin tener en cuenta todos estos factores digitales. La educación digital no puede seguir viéndose y, sobre todo aplicándose, de forma independiente de la educación sexual. Es por ello que todas las personas que se dedican a la formación y a la educación, han de implementar herramientas y claves que tengan en cuenta esta nueva dimensión digital de las personas, que impregna gran parte de aspectos que tienen que ver con su dimensión sexuada. Hacer educación sexual sin tener en cuenta la educación digital, es hacer una educación incompleta y por tanto, ineficaz. Sobre todo por que cuando quien educa no tiene los conocimientos digitales mínimos, corre el riesgo de abordar estas cuestiones desde dos posiciones: una en la que se le resta importancia a todo lo digital, permitiéndolo, y otra en la que se considera que lo digital encierra grandes peligros, por lo que se prohíbe. Es decir se aplica un eje normativo desde la permisividad o la prohibición.

Hacer una educación de calidad supone actuar desde un eje de cultivo que permita que ayudemos a las personas a desarrollarse en su singularidad, a conocerse, a aceptarse y a expresarse de una manera positiva, tanto en los aspectos analógicos como digitales.

Si quieres tener más información sobre nuestras propuestas formativas visita nuestra Escuela digital.