El reconocimiento de que las mujeres deben tener los mismos derechos y oportunidades que los hombres para educarse, trabajar y participar en las decisiones políticas y económicas es un hecho social que se ha ido conquistando a lo largo del siglo XX. A finales de la década de los 70 y sobre todo en los 80, es cuando comienzan las políticas de igualdad en nuestro entorno. Desde entonces, y gracias a ellas, han sido muchos los logros que se han conseguido en materia de igualdad.
Casi de forma paralela a las políticas de igualdad, comienza a utilizarse el término empoderamiento. Aunque su origen lo encontramos en Paulo Freire en la década de los 60, relacionado con todos los grupos vulnerables o marginados, su mayor desarrollo teórico fue en la segunda mitad de los 80, desde el feminismo. El empoderamiento se referiría al proceso por el cual las mujeres fortalecemos nuestras capacidades, confianza, visión y protagonismo de manera individual y colectiva.
Este empoderamiento ha de producirse en distintas áreas, como la educación, el acceso a las oportunidades económicas, el liderazgo o en la toma de las propias decisiones vitales. Aunque muchos de los logros conseguidos en materia de igualdad se han producido en ámbitos sociales, laborales, económicos y políticos, son muchas las voces que piden un cambio en el ámbito de lo íntimo, e incluso hay quienes piensan que no se podrá conseguir una igualdad plena mientras no se produzca un empoderamiento en el ámbito sexual y erótico.
Cuando hablamos de empoderamiento erótico femenino nos referimos al fortalecimiento de la autoestima y confianza en una misma y en las relaciones a través de una exploración consciente y positiva del cuerpo, de las emociones y sobre todo de los deseos, sin sentir vergüenza o culpa por su expresión.
La erótica ha sido uno de los elementos fundamentales a través del cual tradicionalmente los hombres han construido la masculinidad. Se consideraba que uno era más hombre cuantas más relaciones eróticas tenía y con cuantas más mujeres estaba (heterosexualidad y coitocentrismo como norma de relación y de conducta). Esto no ocurría con las mujeres, quienes sólo por el hecho de mostrar algún deseo, eran rechazadas socialmente. Las mujeres, por tanto, básicamente hemos construido nuestra feminidad a través del deseo que podíamos despertar en el otro (se entiende que en el varón, por supuesto).
Resultado: hombres sujetos activos y deseantes, mujeres objetos pasivos y deseables. Esto se ha perpetuado a través de la cultura popular, la religión y también de las instituciones sociales, y ha llevado a la creación de una serie de estereotipos y prejuicios que han estigmatizado el deseo femenino.
Terminar con esta construcción de la masculinidad y la feminidad es crucial para conseguir una igualdad que no solo tenga repercusiones en el terreno de lo íntimo, sino que además la tenga en el público, espacio tradicionalmente ocupado por los hombres.
Aunque en la actualidad hayamos tomado conciencia de la importancia del empoderamiento erótico y corporal, hay voces dentro de los distintos feminismos que cuestionan cómo debería ser éste. Analicemos sucintamente alguno de ellos.
Uno de los ejemplos más claros lo tenemos en el twerk, una forma de baile que se vincula con el reggeton y más concretamente con el “perreo”, baile cuyo origen está en las danzas africanas y que se ha extendido a través de las redes sociales.
El twerking se basa en movimientos pélvicos rítmicos y sensuales. Aunque hay quienes expresan que las conecta con su cuerpo y que rompe con estereotipos de sumisión femenina, también hay quienes consideran que fomenta la hipererotización del cuerpo femenino, que refuerza los estereotipos de género y que objetiviza aún más a las mujeres. La diferencia entre empoderamiento y cosificación, ¿no podría estar en el objetivo de quien baila?
Otro posible ejemplo de empoderamiento femenino a través de la erótica que debemos cuestionar, es el acceso de las mujeres a la pornografía. Durante las semanas de confinamiento el consumo de pornografía aumentó significativamente en todas las franjas de edad y especialmente entre las mujeres. En las aulas, muchas chicas alardean públicamente de que ellas también ven porno, como algo que las empodera. ¿Es realmente empoderamiento o una asunción del modelo de masculinidad hegemónico? ¿De verdad el porno que consumen es liberador o sólo refuerza prácticas agresivas y machistas?
Por último, queremos reflexionar acerca de otro aspecto sobre el que algunas mujeres jóvenes dicen encontrar un ámbito de empoderamiento erótico y una buena fuente de ingresos. Es el fenómeno del OnlyFans, plataforma en línea que, a raíz de la pandemia, se popularizó enormemente. Permite a quienes tienen un perfil compartir contenido exclusivo con sus seguidores a cambio de una tarifa mensual. Es conocida sobre todo por ofrecer contenido erótico exclusivo, casi a la carta, por lo que puede considerarse una nueva forma de trabajo sexual. Si, como decíamos al principio, consideramos que el empoderamiento erótico se basa en la conexión con nuestros cuerpos y nuestros deseos, con el objetivo de producir cambios positivos en nuestras vidas, ¿OnlyFans lo garantiza? ¿No será una nueva forma que ha encontrado este sistema neoliberal de primar el dinero? ¿No estará perpetuando ese modelo sumiso de mujer deseable?
Así, como hemos intentado trasmitir en este artículo, el empoderamiento femenino a través de la sexualidad y la erótica tiene que conllevar una reflexión crítica profunda, colectiva y respetuosa. Sobre todo de las mujeres jóvenes, con el fin de tomar conciencia de importancia de empoderarnos individual y colectivamente.
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